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AHORA
Tarde de domingo. Otoño. Hay paz en este lugar. Suave brisa. Temperatura templada. La sombra que hay en mi jardín es muy agradable. Se oyen suaves piares de pájaros. El cielo tiene un celeste algodonado, como con nubes disueltas. El sol brilla esplendorosamente. A lo lejos el cacaréo de una gallina, el gorjeo de un ave. Siguen cayendo sin apuro las hojas secas. Ladrido de perros tranquilo sin agresividad. Todo es calmo. Mi mente goza de este espacio de tranquilidad con armonía de colores. Vuelan cerca las palomas. Las hojas del cafeto tienen una perfección apabullante, siete foliolos, entre todos forman un círculo casi perfecto, ¡ah! Pero siempre puede ocurrir la transgresión, hay una hoja con nueve foliolos y otra con cinco. Estas marcan más la uniformidad de todo el conjunto restante. La forma del foliolo individual me recuerda un espermatozoide con cabeza y una cola algo gruesa pero con mucha proporción y armonía. El color verde de estas hojas es placentero, sedante, verde claro, cuando está iluminado por el sol y verde normal, azul y amarillo, mitad y mitad, cuando están en la sombra.
Estallan algunos frutos que quedan y vuelan sus partes por el aire con un "crac" característico. Un pájaro se acerca confiado, es que lo empuja un alma amiga para que me alegre este momento tan gozoso.
En todo el contorno hay flores rojas, pequeñas que cantan la alegría vibrante de la naturaleza.
En el agua de la pileta, estancada, y en la tierra hay millares de insectos que proclaman que en todas partes hay vida.
Algunas de estas vidas nos molestamos mutuamente, los insectos a mi y yo a los insectos. Pero debe ser así, hay equilibrio. A veces ellos me superan a mi con sus insistentes picaduras, hoy los ignoro yo y salgo ganando. Se van.
El aire es suave y acaricia la piel al moverse suavemente. El olor, ausente de olores, es un bálsamo para la respiración.
¿Qué harán en este mismo momento las gentes de otras partes del mundo?. Los imagino bailando, durmiendo, comiendo, sufriendo, riendo, paseando, muriéndose de dolor físico, angustiados por penas insuperables, felices con su entorno de amor, en paz o en guerra, con una flor en la mano o con un arma, tiritando de frío o agobiados por el calor. Estoy en medio y tengo que agradecer este momento. No importa lo que venga después.
RETAMA ORIOL